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Cómo despedir con clase y consideración a un empleado




Despedir un empleado no tiene por qué ser la peor experiencia del año, dice Susan M. Heathfield, experta en temas de manejo de personal. Se puede usar la ocasión para examinar lo que salió mal en la relación de empleo. Pero antes es preciso haber hecho algunas cosas.
Suponiendo que la terminación se produzca por incompatibilidad de caracteres, usted puede ayudar al empleado a reconstruir su autoestima a pesar del despido. Puede alentarlo a mirar hacia adelante y a iniciar la búsqueda de un nuevo empleo. Aun si el despido fuera porque no cumplió bien con sus obligaciones, usted debe terminar la relación con una nota positiva.

Despedir a un empleado que no logra un determinado nivel de producción es algo bastante común De manera que se trata de despedir a alguien que, aun con intensa capacitación, demuestra ser incapaz de desempeñarse a la altura de las expectativas.

A veces ocurre que el empleado está aburrido o infeliz con su puesto actual, con su sueldo, o con su cargo. Usted no tiene otros cargos libres para ofrecerle. El sueldo y el puesto están de acuerdo con el empleo. Lamentablemente, el desempeño en el trabajo se deteriora con rapidez.

En algunas instancias, un empleado está, consciente o inconscientemente, pidiéndole que lo despida por incumplimiento. La persona sabe, hasta determinado punto, que su empleo con usted es equivocado.

Qué hacer antes del despido:


• Asegúrese de que el empleado tenga perfectamente en claro cuáles son las expectativas de la tarea, las expectativas de producción y cualquier otro detalle que permiten a la persona desempeñarse con eficacia. La descripción del empleo, la publicación interna de los niveles de producción y los datos sobre desempeño ayudan al empleado a entender y desempeñarse en su rol.

• Si el empleado está violando políticas y procedimientos, asegúrese de que aquellos están escritos y que el empleado haya sido entrenados en esas políticas y procedimientos. Un formulario firmado es buen testimonio para aventar un posible juicio futuro.

• Brinde ayuda y orientación; informe regularmente al empleado sobre su desempeño. Asegúrese de que explica las posibles consecuencias del incumplimiento. Esto evita complicaciones más adelante.

• Asegúrese de que aplica con justicia los niveles de desempeño. Para evitar discriminar, usted debe evaluar en la misma forma a todos los empleados que están haciendo lo mismo. Ocúpese primero de los empleados con los problemas más serios. Todos los que no están obedeciendo las políticas deben ser sancionados de la misma forma. Nunca se ocupe solamente del desempeño de una sola persona.

• Documente toda conversación sobre el desempeño del empleado en su legajo donde ponga el día, la fecha y el problema que se identificó. Mantenga todo registrado en papel porque nunca sabe cuándo lo va a necesitar. En el caso de despido, los registros refrescan la memoria, por lo menos.

Fuente: Mercado
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El viernes casual o Casual Friday







Esta costumbre se inició en los Estados Unidos y, básicamente, permite que los empleados abandonen algunas de las restricciones de vestimenta propias del ambiente laboral con el propósito de integrar a los trabajadores y salir del ambiente de oficina.

El viernes casual, más conocido entre los países anglosajones como el Casual Friday, Casual Day, Dress-down Friday, etc. es una política corporativa que poco a poco se ha ido extendiendo a otras partes del mundo.

En compañías que tienen un código estricto de saco y corbata para los hombres, y zapatos de tacón y faldas para las mujeres, el viernes casual es la oportunidad de ir a trabajar con zapatos deportivos y camisas de manga corta. Algunas compañías incluso permiten jeans, remeras y zapatillas, pero en otros casos se requiere un atuendo de negocios algo más informal (saco y camisa, pero sin corbata, o bien pantalones de vestir y zapatos sin taco para las mujeres). El viernes casual se aplica tanto a los empleados de menor jerarquía como también a los gerentes.

Esta costumbre se inició en los Estados Unidos en los últimos años de la década del 50, cuando se buscaba subir la moral de los empleados en el nuevo ambiente de oficina. En ese momento, sólo algunas compañías alentaban esta práctica y no era tan popular. 

Pero en los años 70, cuando la producción de ropa deportiva comenzó a popularizarse, hubo una campaña masiva por parte de las empresas que fabricaban este tipo de ropa para hacer que el viernes casual se extendiera por todas las oficinas.
El propósito del viernes casual es hacer sentir a los empleados más a gusto, y relajados para disfrutar del fin de semana que está por comenzar.

 Algunas empresas han dado una vuelta de tuerca a esta tradición y les cobran a los trabajadores una pequeña cifra por permitirles vestirse de manera casual. El dinero recaudado se destina a obras de caridad o bien a comprar los regalos de navidad para el personal de la empresa.



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Horas extras: ¿Son buenas o no?

 
 
Cuando llega la hora de salida de cada empresa, existe un grupo de trabajadores que inmediatamente se van para sus respectivos hogares, para la universidad o cumplir con cualquier otro compromiso.
 
Sin embargo, existe otro grupo que mira el reloj y continúa en sus labores como si fuera media tarde. Total, después de las 5 los teléfonos dejan de repicar, la oficina queda en silencio y se dan las condiciones propicias para trabajar.
 
En este mundo tan competitivo, donde las 24 horas no parecen ser suficientes para cumplir con todo lo que hay que hacer.
 
Donde hay una fuerte competencia profesional y las empresas exigen a sus ejecutivos dar más de sí, muchos trabajadores extienden su horario de trabajo más allá de las 8 horas.. Aunque eso signifique llamar a casa para decir "voy tarde" o excusarse nuevamente de un compromiso social.
 
Si bien tanto solteros como casados trabajan hasta la noche, los que carecen de compromisos familiares, al tener menos cuentas que rendir, tienen menos reparos en dejar unas horas más en la oficina. Después del matrimonio y los hijos el tiempo adquiere otras dimensiones, en especial para las mujeres.
 
En algunas ocasiones esas horas de más que se dedican a la oficina son recompensadas con una paga adicional, pero no siempre hay dinero de por medio.
 
 
Horas extras ¿Mejor trabajo?
 
Cualquiera diría que quienes echan raíces en sus escritorios son los empleados más eficientes y productivos. No necesariamente es así. Si alguien con frecuencia tiene que quedarse más del tiempo que especifica su contrato de trabajo porque no ha podido terminar con sus responsabilidades, es probable que en su compañía las funciones no estén correctamente divididas y las responsabilidades recaen en menos espaldas.
 
La mayoría de las compañías pasan por períodos extraordinarios donde se hace necesario trabajar hasta tarde. Esto no es igual a convertir el hecho en una costumbre; hay que evaluar qué es lo que está pasando. En ciertas ocasiones la acumulación del trabajo se debe a una mala organización del tiempo, se da prioridad a tareas que no son tan importantes y las que sí lo son quedan relegadas hasta que el calendario apremia y entonces toque quedarse hasta tarde para cumplir con la fecha de entrega.
 
El hacer uso de horas extras para compensar esta falta de organización termina por originar un círculo vicioso. Lo cierto es que una vez que la persona se acostumbra a quedarse en la oficina hasta tarde, en vez de trabajar más, tiende inconscientemente a trabajar más lento porque sabe que tendrá tiempo adicional para hacerlo.
 
Entre los que ven caer la noche en la oficina están los propensos a la adicción al trabajo. Las perfeccionistas tienden a caer en una revisión excesiva de cada una de sus tareas, se les hace difícil dar por terminado un proyecto, al perder la perspectiva de las prioridades empiezan los atrasos.
 
Para algunas personas quedarse de más en la oficina es un pretexto para no llegar a casa. Mujeres y hombres con problemas matrimoniales prefieren dilatar la hora de regresar para no enfrentarse con los conflictos que deben resolver en el hogar.
 
La moda actual de sacrificarse ostensiblemente en el trabajo no es sana. Quienes no son capaces de despegarse del trabajo ni siquiera para comer (no apagan el celular, comen en el escritorio o hacen de cada almuerzo una cita de negocios), ponen en peligro su salud mental.
 
El tiempo extra en la oficina puede representar pérdida de lazos familiares y de amistad con las personas que más queremos. Después de tanto excusarse y decir no puedo, llega un momento en que no lo vuelven a invitar. Aunque el trabajar y tener éxito profesional es una aspiración justa, también existen otras necesidades personales que deben ser satisfechas, como lo son estrechar los lazos familiares, participar en la comunidad, mantener la amistad y cuidar de su salud física.
 
 
Las largas horas en la oficina agotan emocional y físicamente. Justo es dar lo mejor y demostrar que estamos en el puesto indicado. Sin embargo, debe haber un equilibrio entre ese aspecto y el resto de nuestras vidas.
 
Hombres y mujeres que han trabajado años en una empresa, dando siempre la milla extra, se han arrepentido, demasiado tarde, de poner todos los huevos en la canasta de la profesión, sobre todo cuando se dan cuenta de las relaciones perdidas o de lo ingrato que puede ser el negocio. Sí, a las personas más afanadas también las despiden.
 
Menos, pero mejor
 
¿En que se va el día de trabajo? Es una buena pregunta que cabe hacer cada vez que termina el día y se siente que prácticamente no se ha hecho nada. Una forma de encontrar las fugas de tiempo es llevar un diario de trabajo.
 
Téngalo a mano y apunte cada llamada telefónica y el tiempo que le toma. Apunte a cuántas reuniones va al día, cuántas personas llegan a su escritorio para preguntarle si ganó ayer en la lotería y qué tiempo toma usted en explicarles que no. Cuánto le toma contestar los e-mail o conversar por el mensajero de internet.
 
Después de una semana de llevar esta agenda, hará descubrimientos que le sorprenderán y le permitirán hacer ajustes para empezar a maximizar el uso que da al tiempo de trabajo.
 
Dejar todo para última hora también trae como consecuencias tener que trabajar más, es una costumbre que viene desde los años del colegio, cuando hasta era una gracia dejarlo todo para después. En la secundaria no hay tanto problema, una noche sin dormir no es nada, pero en la vida real el dejar para última hora tiene consecuencias más serias, y el estrés que genera afecta la salud.
 
Quienes también se exponen a la sobrecarga laboral son aquellas personas que desean acaparar demasiado o simplemente no saben decir que no y terminan aceptando e involucrándose en cuanto proyecto se ponga por delante. En consecuencia resulta difícil cumplir con todo lo prometido, el trabajo supera nuestras capacidades y defraudamos a los demás.
 
El trabajo y la vida personal deben compaginarse, un equilibrio justo que permita balancear ambos aspectos de la vida. Al final, como dice el autor Stephen Covey: en su lecho de muerte muy pocas personas se arrepienten de no haber pasado más tiempo en la oficina.*
 
Fuente: rrhh-web.com
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¿Te asusta la idea de cambiar de trabajo?

 
 
 
La mayoría de la gente te dirá que estás loco, que esperes a tiempos mejores. Sí, puede que encontrar un trabajo ahora mismo sea más difícil que antes. Sin embargo, si dejas que eso te detenga, entonces seguro que no vas a encontrarlo nunca.
 
 
Sé realista y paciente. Mucha gente quiere resultados rápidamente. Cambiar de trabajo requiere tiempo, así que prepárate mentalmente para ello.
 
 
Define lo que quieres. Este paso es muy importante. Si quieres encontrar un trabajo que te satisfaga a largo plazo, tienes que tener muy claro qué es lo que quieres. ¿Qué tipo de puesto? ¿Dónde? Cuanto más específico seas y más información tengas sobre tus preferencias, mejores serán tus posibilidades de encontrar algo con lo que estés satisfecho.
 
 
 
Diseña una estrategia, un plan. Mucha gente se dedica a mandar su curriculum alocadamente. No pierdas tiempo y energía mandando tu curriculum al azar. Selecciona los lugares que se ajustan a tus intereses, prueba distintas opciones: agencias de trabajo temporal, internet, pregunta a tus conocidos, redes sociales, etc…
 
 
 
Procura sobresalir de algún modo. Define qué capacidades tienes y qué puedes aportar a la empresa. Hazles saber por qué contratarte sería beneficioso para ellos. No te centres en ti, sino en ellos, lo que ellos quieren, así que averigua todo sobre tu nuevo empleo.
 
 
 
Cuida tu mentalidad. Independientemente de la situación económica actual, cambiar de trabajo es siempre estresante y te puede llevar un tiempo. Es importante que durante el proceso te cuides. Estas son algunas sugerencias: Dedica tiempo a hacer algo que te anime y te haga sentir bien. Evita el contacto con gente negativa.
 
 
En resumen, cambiar de trabajo durante la crisis puede ser más difícil que antes, pero no es imposible, así que no te desanimes.
 
 
Fuente: Gestiopolis
 
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Cuando tu jefe es un gritón

 
 
Nadie se olvida de un gritón, especialmente de un jefe que hable a gritos a los empleados, y los deje sintiéndose indefensos y constantemente alterados, y a veces reducidos a lágrimas cuando llega la explosión.
 
 
Es una figura en la que Andrew Cornell promete no convertirse. A veces tiene ganas de hablara a alaridos cuando los empleados de su fábrica no cumplen con las expectativas. Pero se muerde la lengua. "Gritar es un vestigio del pasado, y siempre termino lamentándolo", asegura Cornell, presidente ejecutivo de Cornell Iron Works en Mountaintop, estado de Pensilvania. En cambio, mantiene reuniones cortas y frecuentes con empleados que tienen problemas, en lugar de "esperar al final, hasta tirar una bomba nuclear y dejar todo manchado de sangre".
 
 
Sin dudas, el jefe gritón parece estar en vía de extinción del lugar de trabajo. El nuevo consenso entre los gerentes es que gritar alarma a los empleados, los desmotiva en lugar de inspirarlos, y afecta la calidad de su trabajo. Algunos jefes también temen desatar una demanda por acoso o terminar como la estrella de un video que termina distribuido por todo Internet.
 
 
Mientras los subordinados quizás se esfuercen en su trabajo con jefes difíciles, al esperar una pizca de elogios, pocos empleados rinden mejor en medio de gritos. La agresión verbal suele dañar la memoria laboral de las víctimas, reduciendo su capacidad de comprender instrucciones y desempeñar tareas básicas como operar una computadora, según varios estudios de empleados de empresas de telefonía celular y estudiantes de ingeniera publicados este año en el Journal of Applied Psychology. Trabajadores que afrontaron quejas de clientes hostiles y agresivos tuvieron menos probabilidad de recordar de qué se trataba la queja, comparados con trabajadores que trataban con clientes calmados.
 
 
El lugar de trabajo se ha vuelto más civilizado, según muchos parámetros. Cuando Lucinda Maine, presidenta ejecutiva de una asociación profesional de Alexandria, estado de Virginia, enfrentó problemas familiares hace poco, les gritó a algunos de sus vicepresidentes. "Es mejor que gritarle a la recepcionista, pero hablar en voz alta nunca es apropiado", señaló. La ejecutiva se disculpó rápidamente con cada uno, y luego convocó a una reunión de su equipo para compartir lo que había aprendido: mantener controladas las emociones en el trabajo cuando uno está estresado en el hogar requiere de "inteligencia emocional", afirma.
 
 
Pero la forma en que peleamos en el trabajo no siempre es saludable. Hay mucho ira y frustración. Los gerentes gastan alrededor de 25% de su tiempo en resolver conflictos, según investigaciones. La "parte no tan buena" de la tendencia de no gritar "es que la gente se traga las cosas", lo que motiva que las frustraciones se manifiesten de otras formas, dice Jack Lampl, presidente del Instituto A.K. Rice para el Estudio de los Sistemas Sociales, con sede en Rainier, estado de Washington. Una de las formas favoritas de descargarse son los e-mails, que "sirven como una válvula de escape, pero tienden a inflamar el conflicto. Un mensaje lleno de ira "asume un rol muy corrosivo en el trabajo, que da pie a chismes y socava a los demás", señala.
 
 
El año pasado, Melanie Brooks, editora de Bangor Metro Magazine, se enojó cuando un redactor no terminó un artículo a tiempo, lo que la obligó a completar el trabajo ella misma y perderse un evento laboral al que preveía asistir. La editora le envió un correo electrónico al redactor que decía: "Conseguí la información que faltaba, pero casi me MATA. Este es tu trabajo, no el mío". Agregó que no quería que volviera a suceder.
 
 
Brooks, que vive en Orono, estado de Maine, pensó que el e-mail era sucinto, directo y mejor que sermonear al redactor por teléfono. Pero al día siguiente, el redactor llamó al jefe de Brooks y se quejó durante casi media hora por el mensaje, y el jefe le reprochó a la editora por haber regañado al periodista por escrito.
 
 
Otros usan "gritos silenciosos" para desahogarse, afirma Sylvia LaFair, directora general de Creative Energy Options, una empresa de asesoría en liderazgo con sede en Sonoma, California. "Te miran con la cara petrificada, se encogen de hombres, aprietan sus manos", dice. Otros expresan el enojo a través de sarcasmo o sólo silencio.
 
 
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