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10 consejos para ganarte a tu jefe


 
 
 
Para ganarte a tu jefe, tu iniciativa para aportar soluciones es la mejor garantía para ser favorito. Gestionar de forma adecuada ese favoritismo puede convertirse en la mejor herramienta para tu crecimiento profesional.
 
 
Conoce a continuación 10 pautas básicas para ganar el aprecio de tu jefe a partir de tu alto rendimiento e iniciativas.
 
 
1. El 50% de la relación con tu jefe depende de ti.

 La confianza, uno de los ingredientes básicos, se gana con el trabajo bien hecho y a largo plazo.
 
 
2. Trabaja la parte emocional.

 No se trata de que acudas todos los días a su despacho a preguntarle cómo está, basta con que observes cómo se comporta y reacciona ante los problemas que se plantean en la jornada laboral. Deja constancia de que cuenta con tu apoyo. Ten mucha cautela a la hora de traspasar la línea que separa lo personal y lo profesional. Algunos jefes son muy celosos de su vida privada.
 
 
3. Cumple tus objetivos y lúcete.

 Ésta es la mejor manera de ganarte no sólo a tu jefe, sino también a tus compañeros: te meterás en el bolsillo su respeto y, si consigues un ascenso, todos sabrán que ha sido por méritos propios.
 
 
4. Toma la iniciativa.

 No esperes a que te encargue algo. Recuerda que estás ahí para aportar soluciones no para plantear problemas. Criticar todo y la queja constante, harán un flaco favor a tu calidad profesional. Te convertirás en uno de los colaboradores más molestos y, a poco que lo intentes, ser el más odiado te costará muy poco. De ahí a que seas repudiado por jefes y colegas hay un paso.
 
 
5. Tu trabajo es hacer mejor a quien manda y, el de tu superior, conseguir que tengas éxito.

 En este tándem perfecto tienes definido un papel muy específico. Consúltale sólo lo imprescindible, con un objetivo: dejarle claro que tienes iniciativa, pero que cuentas con él para tomar una decisión llegado el momento. No intentes pasar por encima de su autoridad, debes tener claro cuál es tu sitio y hasta dónde puedes llegar. Aunque la confianza que ha depositado en ti puede tentarte, no te saltes la jerarquía, perderás de un plumazo lo que te ha costado años ganar.
 
 
6. No cumplas las reglas a rajatabla.

 Los buenos jefes huyen de los maniáticos de manual. Quieren profesionales que se salgan de las normas, pero sin perder las formas. Es decir, aceptan de buen grado las nuevas propuestas siempre y cuando consideren que es la mejor vía para conseguir los objetivos de negocio. En el caso de que la propuesta sea rechazada, no desesperes. Los buenos líderes tienen la virtud de reconocer el esfuerzo. Si esta vez no ha cuajado, inténtalo de nuevo con otro proyecto. No te obceques con el que no ha sido aceptado, salvo que logres modificarlo de manera convincente.
 
 
7. Nada de lenguaje rebuscado.

 Si tienes una buena idea y piensas que puede relanzar el negocio, cuéntasela a tu jefe de forma breve y sencilla. Tómate un tiempo para prepararla y asegúrate de que contiene los ingredientes básicos: en qué consiste, cómo ejecutarla y cuáles son los resultados. Estos tres elementos son clave y explicarlo no te llevará más allá de tres minutos. Si no logras captar la atención en ese tiempo es mejor que pases la página.
 
 
8. Los jefes tóxicos son los que no reconocen los logros de sus colaboradores

 Lidiar con ellos es muy complicado. No intentes llevarles la contraria, te arriesgas a perder el empleo. Estos tipos sólo quieren aduladores a su alrededor. El jefe tóxico buscará utilizarte mientras le convenga y no tendrá ningún reparo en prescindir de tus servicios. Lo más recomendable en estos casos es que prepares tu huida hacia otro jefe u otra empresa.
 
 
9. Nada de chismes.

 No utilices la rumorología, sea del tipo que sea, para ganarte la confianza de un buen jefe. Estos profesionales pueden despertar la envidia de los empleados más tóxicos. Céntrate en tu trabajo, convertirte en un chismoso no es la mejor ruta si quieres hacer carrera.
 
 
10. Confianza y seguridad son las virtudes que mas apreciará tu jefe.

 Recuerda que los líderes necesitan apoyarse en personas seguras de sí mismas que actúen con firmeza y contribuyan a paliar la incertidumbre.
 
 
 
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Cuando tu jefe es un gritón

 
 
Nadie se olvida de un gritón, especialmente de un jefe que hable a gritos a los empleados, y los deje sintiéndose indefensos y constantemente alterados, y a veces reducidos a lágrimas cuando llega la explosión.
 
 
Es una figura en la que Andrew Cornell promete no convertirse. A veces tiene ganas de hablara a alaridos cuando los empleados de su fábrica no cumplen con las expectativas. Pero se muerde la lengua. "Gritar es un vestigio del pasado, y siempre termino lamentándolo", asegura Cornell, presidente ejecutivo de Cornell Iron Works en Mountaintop, estado de Pensilvania. En cambio, mantiene reuniones cortas y frecuentes con empleados que tienen problemas, en lugar de "esperar al final, hasta tirar una bomba nuclear y dejar todo manchado de sangre".
 
 
Sin dudas, el jefe gritón parece estar en vía de extinción del lugar de trabajo. El nuevo consenso entre los gerentes es que gritar alarma a los empleados, los desmotiva en lugar de inspirarlos, y afecta la calidad de su trabajo. Algunos jefes también temen desatar una demanda por acoso o terminar como la estrella de un video que termina distribuido por todo Internet.
 
 
Mientras los subordinados quizás se esfuercen en su trabajo con jefes difíciles, al esperar una pizca de elogios, pocos empleados rinden mejor en medio de gritos. La agresión verbal suele dañar la memoria laboral de las víctimas, reduciendo su capacidad de comprender instrucciones y desempeñar tareas básicas como operar una computadora, según varios estudios de empleados de empresas de telefonía celular y estudiantes de ingeniera publicados este año en el Journal of Applied Psychology. Trabajadores que afrontaron quejas de clientes hostiles y agresivos tuvieron menos probabilidad de recordar de qué se trataba la queja, comparados con trabajadores que trataban con clientes calmados.
 
 
El lugar de trabajo se ha vuelto más civilizado, según muchos parámetros. Cuando Lucinda Maine, presidenta ejecutiva de una asociación profesional de Alexandria, estado de Virginia, enfrentó problemas familiares hace poco, les gritó a algunos de sus vicepresidentes. "Es mejor que gritarle a la recepcionista, pero hablar en voz alta nunca es apropiado", señaló. La ejecutiva se disculpó rápidamente con cada uno, y luego convocó a una reunión de su equipo para compartir lo que había aprendido: mantener controladas las emociones en el trabajo cuando uno está estresado en el hogar requiere de "inteligencia emocional", afirma.
 
 
Pero la forma en que peleamos en el trabajo no siempre es saludable. Hay mucho ira y frustración. Los gerentes gastan alrededor de 25% de su tiempo en resolver conflictos, según investigaciones. La "parte no tan buena" de la tendencia de no gritar "es que la gente se traga las cosas", lo que motiva que las frustraciones se manifiesten de otras formas, dice Jack Lampl, presidente del Instituto A.K. Rice para el Estudio de los Sistemas Sociales, con sede en Rainier, estado de Washington. Una de las formas favoritas de descargarse son los e-mails, que "sirven como una válvula de escape, pero tienden a inflamar el conflicto. Un mensaje lleno de ira "asume un rol muy corrosivo en el trabajo, que da pie a chismes y socava a los demás", señala.
 
 
El año pasado, Melanie Brooks, editora de Bangor Metro Magazine, se enojó cuando un redactor no terminó un artículo a tiempo, lo que la obligó a completar el trabajo ella misma y perderse un evento laboral al que preveía asistir. La editora le envió un correo electrónico al redactor que decía: "Conseguí la información que faltaba, pero casi me MATA. Este es tu trabajo, no el mío". Agregó que no quería que volviera a suceder.
 
 
Brooks, que vive en Orono, estado de Maine, pensó que el e-mail era sucinto, directo y mejor que sermonear al redactor por teléfono. Pero al día siguiente, el redactor llamó al jefe de Brooks y se quejó durante casi media hora por el mensaje, y el jefe le reprochó a la editora por haber regañado al periodista por escrito.
 
 
Otros usan "gritos silenciosos" para desahogarse, afirma Sylvia LaFair, directora general de Creative Energy Options, una empresa de asesoría en liderazgo con sede en Sonoma, California. "Te miran con la cara petrificada, se encogen de hombres, aprietan sus manos", dice. Otros expresan el enojo a través de sarcasmo o sólo silencio.
 
 
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