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Cómo despedir con clase y consideración a un empleado
El viernes casual o Casual Friday
Esta
costumbre se inició en los Estados Unidos y, básicamente, permite que los
empleados abandonen algunas de las restricciones de vestimenta propias del
ambiente laboral con el propósito de integrar a los trabajadores y salir del
ambiente de oficina.
El
viernes casual, más conocido entre los países anglosajones como el Casual Friday, Casual
Day, Dress-down Friday, etc. es una política corporativa que poco a poco
se ha ido extendiendo a otras partes del mundo.
En compañías que tienen un código estricto de saco y corbata para los hombres, y zapatos de tacón y faldas para las mujeres, el viernes casual es la oportunidad de ir a trabajar con zapatos deportivos y camisas de manga corta. Algunas compañías incluso permiten jeans, remeras y zapatillas, pero en otros casos se requiere un atuendo de negocios algo más informal (saco y camisa, pero sin corbata, o bien pantalones de vestir y zapatos sin taco para las mujeres). El viernes casual se aplica tanto a los empleados de menor jerarquía como también a los gerentes.
En compañías que tienen un código estricto de saco y corbata para los hombres, y zapatos de tacón y faldas para las mujeres, el viernes casual es la oportunidad de ir a trabajar con zapatos deportivos y camisas de manga corta. Algunas compañías incluso permiten jeans, remeras y zapatillas, pero en otros casos se requiere un atuendo de negocios algo más informal (saco y camisa, pero sin corbata, o bien pantalones de vestir y zapatos sin taco para las mujeres). El viernes casual se aplica tanto a los empleados de menor jerarquía como también a los gerentes.
Esta
costumbre se inició en los Estados Unidos en los últimos años de la década del
50, cuando se buscaba subir la moral de los empleados en el nuevo ambiente de
oficina. En ese momento, sólo algunas compañías alentaban esta práctica y no era
tan popular.
Pero en los años 70, cuando la producción de ropa deportiva comenzó
a popularizarse, hubo una campaña masiva por parte de las empresas que
fabricaban este tipo de ropa para hacer que el viernes casual se extendiera por
todas las oficinas.
El
propósito del viernes casual es hacer sentir a los empleados más a gusto, y
relajados para disfrutar del fin de semana que está por comenzar.
Algunas
empresas han dado una vuelta de tuerca a esta tradición y les cobran a los
trabajadores una pequeña cifra por permitirles vestirse de manera casual. El
dinero recaudado se destina a obras de caridad o bien a comprar los regalos de
navidad para el personal de la empresa.
Horas extras: ¿Son buenas o no?
Cuando llega la hora de salida de cada
empresa, existe un grupo de trabajadores que inmediatamente se van para sus
respectivos hogares, para la universidad o cumplir con cualquier otro
compromiso.
Sin embargo, existe otro grupo que mira el reloj y continúa
en sus labores como si fuera media tarde. Total, después de las 5 los teléfonos
dejan de repicar, la oficina queda en silencio y se dan las condiciones
propicias para trabajar.
En este mundo tan competitivo, donde las
24 horas no parecen ser suficientes para cumplir con todo lo que hay que
hacer.
Donde hay una fuerte competencia
profesional y las empresas exigen a sus ejecutivos dar más de sí, muchos
trabajadores extienden su horario de trabajo más allá de las 8 horas.. Aunque
eso signifique llamar a casa para decir "voy tarde" o excusarse nuevamente de un
compromiso social.
Si bien tanto solteros como casados
trabajan hasta la noche, los que carecen de compromisos familiares, al tener
menos cuentas que rendir, tienen menos reparos en dejar unas horas más en la
oficina. Después del matrimonio y los hijos el tiempo adquiere otras
dimensiones, en especial para las mujeres.
En algunas ocasiones esas horas de más que
se dedican a la oficina son recompensadas con una paga adicional, pero no
siempre hay dinero de por medio.
Horas extras ¿Mejor
trabajo?
Cualquiera diría que quienes echan raíces
en sus escritorios son los empleados más eficientes y productivos. No
necesariamente es así. Si alguien con frecuencia tiene que quedarse más del
tiempo que especifica su contrato de trabajo porque no ha podido terminar con
sus responsabilidades, es probable que en su compañía las funciones no estén
correctamente divididas y las responsabilidades recaen en menos
espaldas.
La mayoría de las compañías pasan por
períodos extraordinarios donde se hace necesario trabajar hasta tarde. Esto no
es igual a convertir el hecho en una costumbre; hay que evaluar qué es lo que
está pasando. En ciertas ocasiones la acumulación del trabajo se debe a una mala
organización del tiempo, se da prioridad a tareas que no son tan importantes y
las que sí lo son quedan relegadas hasta que el calendario apremia y entonces
toque quedarse hasta tarde para cumplir con la fecha de entrega.
El hacer uso de horas extras para
compensar esta falta de organización termina por originar un círculo vicioso. Lo
cierto es que una vez que la persona se acostumbra a quedarse en la oficina
hasta tarde, en vez de trabajar más, tiende inconscientemente a trabajar más
lento porque sabe que tendrá tiempo adicional para hacerlo.
Entre los que ven caer la noche en la
oficina están los propensos a la adicción al trabajo. Las perfeccionistas
tienden a caer en una revisión excesiva de cada una de sus tareas, se les hace
difícil dar por terminado un proyecto, al perder la perspectiva de las
prioridades empiezan los atrasos.
Para algunas personas quedarse de más en
la oficina es un pretexto para no llegar a casa. Mujeres y hombres con problemas
matrimoniales prefieren dilatar la hora de regresar para no enfrentarse con los
conflictos que deben resolver en el hogar.
La moda actual de sacrificarse
ostensiblemente en el trabajo no es sana. Quienes no son capaces de despegarse
del trabajo ni siquiera para comer (no apagan el celular, comen en el escritorio
o hacen de cada almuerzo una cita de negocios), ponen en peligro su salud
mental.
El tiempo extra en la oficina puede
representar pérdida de lazos familiares y de amistad con las personas que más
queremos. Después de tanto excusarse y decir no puedo, llega un momento en que
no lo vuelven a invitar. Aunque el trabajar y tener éxito profesional es una
aspiración justa, también existen otras necesidades personales que deben ser
satisfechas, como lo son estrechar los lazos familiares, participar en la
comunidad, mantener la amistad y cuidar de su salud física.
Las largas horas en la oficina agotan
emocional y físicamente. Justo es dar lo mejor y demostrar que estamos en el
puesto indicado. Sin embargo, debe haber un equilibrio entre ese aspecto y el
resto de nuestras vidas.
Hombres y mujeres que han trabajado años
en una empresa, dando siempre la milla extra, se han arrepentido, demasiado
tarde, de poner todos los huevos en la canasta de la profesión, sobre todo
cuando se dan cuenta de las relaciones perdidas o de lo ingrato que puede ser el
negocio. Sí, a las personas más afanadas también las despiden.
Menos, pero mejor
¿En que se va el día de trabajo? Es una
buena pregunta que cabe hacer cada vez que termina el día y se siente que
prácticamente no se ha hecho nada. Una forma de encontrar las fugas de tiempo es
llevar un diario de trabajo.
Téngalo a mano y apunte cada llamada
telefónica y el tiempo que le toma. Apunte a cuántas reuniones va al día,
cuántas personas llegan a su escritorio para preguntarle si ganó ayer en la
lotería y qué tiempo toma usted en explicarles que no. Cuánto le toma contestar
los e-mail o conversar por el mensajero de internet.
Después de una semana de llevar esta
agenda, hará descubrimientos que le sorprenderán y le permitirán hacer ajustes
para empezar a maximizar el uso que da al tiempo de trabajo.
Dejar todo para última hora también trae
como consecuencias tener que trabajar más, es una costumbre que viene desde los
años del colegio, cuando hasta era una gracia dejarlo todo para después. En la
secundaria no hay tanto problema, una noche sin dormir no es nada, pero en la
vida real el dejar para última hora tiene consecuencias más serias, y el estrés
que genera afecta la salud.
Quienes también se exponen a la sobrecarga
laboral son aquellas personas que desean acaparar demasiado o simplemente no
saben decir que no y terminan aceptando e involucrándose en cuanto proyecto se
ponga por delante. En consecuencia resulta difícil cumplir con todo lo
prometido, el trabajo supera nuestras capacidades y defraudamos a los
demás.
El trabajo y la vida personal deben
compaginarse, un equilibrio justo que permita balancear ambos aspectos de la
vida. Al final, como dice el autor Stephen Covey: en su lecho de muerte muy
pocas personas se arrepienten de no haber pasado más tiempo en la
oficina.*
Fuente: rrhh-web.com
¿Te asusta la idea de cambiar de trabajo?
La mayoría de la gente te dirá que estás
loco, que esperes a tiempos mejores. Sí, puede que encontrar un trabajo ahora
mismo sea más difícil que antes. Sin embargo, si dejas que eso te detenga,
entonces seguro que no vas a encontrarlo nunca.
Sé
realista y paciente. Mucha gente quiere resultados rápidamente. Cambiar de
trabajo requiere tiempo, así que prepárate mentalmente para ello.
Define lo que quieres.
Este paso es muy importante. Si quieres encontrar un trabajo que te satisfaga a
largo plazo, tienes que tener muy claro qué es lo que quieres. ¿Qué tipo de
puesto? ¿Dónde? Cuanto más específico seas y más información tengas sobre tus
preferencias, mejores serán tus posibilidades de encontrar algo con lo que estés
satisfecho.
Diseña una estrategia,
un plan. Mucha gente se dedica a mandar su curriculum alocadamente. No
pierdas tiempo y energía mandando tu curriculum al azar. Selecciona los lugares
que se ajustan a tus intereses, prueba distintas opciones: agencias de trabajo
temporal, internet, pregunta a tus conocidos, redes sociales, etc…
Procura sobresalir de
algún modo. Define qué capacidades tienes y qué puedes aportar a la empresa.
Hazles saber por qué contratarte sería beneficioso para ellos. No te centres en
ti, sino en ellos, lo que ellos quieren, así que averigua todo sobre tu nuevo
empleo.
Cuida tu mentalidad.
Independientemente de la situación económica actual, cambiar de trabajo es
siempre estresante y te puede llevar un tiempo. Es importante que durante el
proceso te cuides. Estas son algunas sugerencias: Dedica tiempo a hacer algo que
te anime y te haga sentir bien. Evita el contacto con gente negativa.
En
resumen, cambiar de trabajo durante la crisis puede ser más difícil que antes,
pero no es imposible, así que no te desanimes.
Fuente: Gestiopolis
Cuando tu jefe es un gritón

Nadie se
olvida de un gritón, especialmente de un jefe que hable a gritos a los
empleados, y los deje sintiéndose indefensos y constantemente alterados, y a
veces reducidos a lágrimas cuando llega la explosión.
Es una
figura en la que Andrew Cornell promete no convertirse. A veces tiene ganas de
hablara a alaridos cuando los empleados de su fábrica no cumplen con las
expectativas. Pero se muerde la lengua. "Gritar es un vestigio del pasado, y
siempre termino lamentándolo", asegura Cornell, presidente ejecutivo de Cornell
Iron Works en Mountaintop, estado de Pensilvania. En cambio, mantiene reuniones
cortas y frecuentes con empleados que tienen problemas, en lugar de "esperar al
final, hasta tirar una bomba nuclear y dejar todo manchado de
sangre".
Sin
dudas, el jefe gritón parece estar en vía de extinción del lugar de trabajo. El
nuevo consenso entre los gerentes es que gritar alarma a los empleados, los
desmotiva en lugar de inspirarlos, y afecta la calidad de su trabajo. Algunos
jefes también temen desatar una demanda por acoso o terminar como la estrella de
un video que termina distribuido por todo Internet.
Mientras
los subordinados quizás se esfuercen en su trabajo con jefes difíciles, al
esperar una pizca de elogios, pocos empleados rinden mejor en medio de gritos.
La agresión verbal suele dañar la memoria laboral de las víctimas, reduciendo su
capacidad de comprender instrucciones y desempeñar tareas básicas como operar
una computadora, según varios estudios de empleados de empresas de telefonía
celular y estudiantes de ingeniera publicados este año en el Journal of Applied
Psychology. Trabajadores que afrontaron quejas de clientes hostiles y agresivos
tuvieron menos probabilidad de recordar de qué se trataba la queja, comparados
con trabajadores que trataban con clientes calmados.
El lugar
de trabajo se ha vuelto más civilizado, según muchos parámetros. Cuando Lucinda
Maine, presidenta ejecutiva de una asociación profesional de Alexandria, estado
de Virginia, enfrentó problemas familiares hace poco, les gritó a algunos de sus
vicepresidentes. "Es mejor que gritarle a la recepcionista, pero hablar en voz
alta nunca es apropiado", señaló. La ejecutiva se disculpó rápidamente con cada
uno, y luego convocó a una reunión de su equipo para compartir lo que había
aprendido: mantener controladas las emociones en el trabajo cuando uno está
estresado en el hogar requiere de "inteligencia emocional",
afirma.
Pero la
forma en que peleamos en el trabajo no siempre es saludable. Hay mucho ira y
frustración. Los gerentes gastan alrededor de 25% de su tiempo en resolver
conflictos, según investigaciones. La "parte no tan buena" de la tendencia de no
gritar "es que la gente se traga las cosas", lo que motiva que las frustraciones
se manifiesten de otras formas, dice Jack Lampl, presidente del Instituto A.K.
Rice para el Estudio de los Sistemas Sociales, con sede en Rainier, estado de
Washington. Una de las formas favoritas de descargarse son los e-mails, que
"sirven como una válvula de escape, pero tienden a inflamar el conflicto. Un
mensaje lleno de ira "asume un rol muy corrosivo en el trabajo, que da pie a
chismes y socava a los demás", señala.
El año
pasado, Melanie Brooks, editora de Bangor Metro Magazine, se enojó cuando un
redactor no terminó un artículo a tiempo, lo que la obligó a completar el
trabajo ella misma y perderse un evento laboral al que preveía asistir. La
editora le envió un correo electrónico al redactor que decía: "Conseguí la
información que faltaba, pero casi me MATA. Este es tu trabajo, no el mío".
Agregó que no quería que volviera a suceder.
Brooks,
que vive en Orono, estado de Maine, pensó que el e-mail era sucinto, directo y
mejor que sermonear al redactor por teléfono. Pero al día siguiente, el redactor
llamó al jefe de Brooks y se quejó durante casi media hora por el mensaje, y el
jefe le reprochó a la editora por haber regañado al periodista por
escrito.
Otros
usan "gritos silenciosos" para desahogarse, afirma Sylvia LaFair, directora
general de Creative Energy Options, una empresa de asesoría en liderazgo con
sede en Sonoma, California. "Te miran con la cara petrificada, se encogen de
hombres, aprietan sus manos", dice. Otros expresan el enojo a través de sarcasmo
o sólo silencio.
Fuente: The
Wall Street
Journal
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